Hugo y fotos

Durante los primeros años de exilio, la fotografía se convierte en un asunto de familia. Hugo muestra una gran curiosidad por este arte incipiente. Es consciente de su utilidad política a la hora de difundir su imagen de exiliado en toda Francia. También descubre las promesas editoriales que encierra la fotografía. Sus hijos –Charles y en menor medida François Victor– y Auguste Vacquerie montan un auténtico taller fotográfico en Marine Terrace. «El taller de Jersey» representa una aventura singular, tanto desde el punto de vista del paisaje –que inspira por momentos los dibujos de Victor Hugo – como del testimonio de los proscritos en exilio.
Si bien existen algunos daguerrotipos que demuestran el interés del poeta por la fotografía desde finales de la década de 1840, será en el exilio cuando Victor Hugo entre en auténtico contacto con la fotografía.
Gracias a Edmont Bacot, un fotógrafo de Caen que había ido a Jersey a apoyar la causa de los Proscritos,  Hugo pone en marcha, entre 1852 y 1855, «el taller de Jersey»: un taller fotográfico instalado en el invernadero de Marine Terrace. El grupo comparte un proyecto común: la creación de un libro sobre las Islas del Canal, ilustrado con fotografías. A pesar de que el libro nunca verá la luz, el proyecto genera una intensa producción de positivados sobre papel salado que marcan este periodo fructífero y creativo y que ahora forman parte de una de las principales colecciones del museo.
Victor Hugo enseguida vislumbra el interés artístico  y mediático del medio. Se inspira de algunas fotografías para sus dibujos y se implica en la composición y la puesta en escena de las fotografías que congelarán la imagen del poeta proscrito mirando hacia Francia desde los peñascos de Jersey.  El taller también se propone salvaguardar la memoria de los exiliados, cuyos retratos llenarán las páginas de numerosos álbumes de recuerdo (Álbum de los proscritos, Álbum Allix, Álbum Philip Asplet…) a veces decorados con pinturas o collages de Charles Hugo.
Esta actividad se mantiene en Hauteville House, Guernsey a partir de 1855, donde instalan un pequeño laboratorio entre el salón de tapices y el taller. La amistad y la estima que se profesan Hugo y Edmont Bacot sigue forjándose y será Bacot quien tendrá el honor de  fotografiar la casa en 1862. Este primer reportaje inaugura el atractivo fotográfico de esta mansión, aún vigente en nuestros días.
El interés del poeta por la fotografía también se deja ver en los numerosos positivados que conserva por su valor documental o artístico. Entabla amistad con otros fotógrafos como Etienne Carjat o Nadar, que fijarán para siempre en nuestra memoria colectiva la imagen de un Victor Hugo patriarca, con barba y pelo blanco. Julia Margaret Cameron, célebre fotógrafa inglesa de la corriente prerrafaelita, le envía a Guernsey una treintena de clichés como muestra de reconocimiento y admiración. La utilización de la fotografía como homenaje también puede apreciarse en los retratos adjuntados, a modo de recuerdo, en las cartas de sus amigos escritores como Alexandre Dumas o George Sand.